miércoles, 7 de septiembre de 2011

Nostálgicas manías (I)

Y no era la primera vez que se topaba contra una pared, ni la primera que tenía que derribar  un muro; ni la primera, ni la última. Y esa mañana se levantó de la cama, con el sabor de una estación a punto de terminar y la sensación de que la vida le daba la espalda, de nuevo, para seguir otro camino. Y una vez más pensó que no había otro remedio que seguir avanzando por ese camino que sólo marcaban sus pasos, porque la existencia de un destino predeterminado era cada vez más dudosa.

Y si no era la última vez, tampoco había sido la primera, ni la segunda, ni la tercera. Pero ahora se daba cuenta y veía esa luz tan familiar al final del tunel. Veía un camino trazado a fuerza de algo, que tampoco se atrevía a calificar por miedo al fracaso. Fracaso era una de esas palabras que la despertaban por la noche, como el calor de un agosto pesado y húmedo que amenaza con no terminar.

Pero prefería fuego y nostalgia a cualquier frio sin tiempo. Era consciente, al menos, de que la nostalgia era otra forma literaria, otro recurso que daba forma y color a su vida. La suya, desde siempre, había estado llena de giros inesperados; de trampantojos, metonimias, metáforas, paradojas e ironías. de "nostalgias falsas de vidas más elementales y sencillas". De memorias de aquello y de lo otro. Pero, a fin de cuentas, sólo las vidas más tediosas tienen que excitarse con la aparición de sucesos contrahechos, que en cabezas ajenas siempre aparecen como algo digno de lo que hablar.

Si hubiera nacido un siglo antes no se hubiera prestado a las habladurías propias de la época. Pero hubiera vivido sumida en ellas de alguna manera u otra. Aunque el espectro de las perversiones humanas que tanto atraía a las masas y a la multitud hubieran sido, cuanto menos, inocentes en las sucesiones de acontecimientos de su juventud. Pero esa claridad meridiana con la que uno enfoca su vida cuando está en un pozo oscuro, no es precisamente la luz que otros ven cuando surge algo que da que hablar.

Al final, ella se había despertado en el siglo veintiuno, con el sabor de las estaciones que terminan y la sensación de que tenía que crear otra vida, otra vida y nada más. Que no era poco, pero era lo que siempre hay que hacer cuando te topas con un muro y las paredes se cierran a tu alrededor. Y eso es algo que ella sabía, que tenía bien claro: que la vida te da cuanto puedas recibir. Y que si no puedes salir por la puerta, siempre quedará una ventana, o un techo, una pared o un muro que derruir. O un túnel que excabar. O una mano venida de la nada, interesada o no. O una idea más o menos brillante, si no es una revelación o iluminación, que esas no se dan tan a la ligera.

Se había despertado y, una vez despierta, ya no había vuelta atrás. Pensó en ese despertar, en las maravillas de nuevas estaciones por venir, siempre distintas aunque cíclicas. En el reto que supone y en todos los planes que le quedaban por idear, meditar y poner en práctica. En las acciones..., en la importancia de llamarse acciones. En las acciones en sí. En la práctica de cualquier acción. En la práctica de ser ella misma, de llevar una vida práctica, de practicar para aprender, aprender para fracasar o para triunfar. Para triunfar... en su vida. Su vida, la suya: Su aprendizaje, su fracaso, su triunfo. Su vida. Ella.

Ella y sus nostálgicas manías. Su no-parar-de-pensar.

lunes, 30 de mayo de 2011

Por qué uno debe dejarlo todo y aceptar programas de movilidad

Ya no queda nada que decir porque... qué es lo que nos nos hayamos dicho -o escrito- ¿verdad? En última instancia, qué es lo que no hayamos intuído, de entre lo poco que quedó en el aire. Es algo que me ha encantado de nuestra relación-casi-de-pareja, por cierto. Y lo que te voy a echar de menos es indecible. No me imagino un año que viene sin ti, sin Madrid. Me arrepiento de marcharme, a pesar de lo que hubiera sido el año que viene. Pero así es la vida, es lo que toca hacer, ambas lo sabemos.

Sé que te lo vas a pasar estupendamente el año que viene. Por eso te pido que dejes de sufrir por lo que dejas atrás. Ya sabes que cada camino que tomamos nos acerca a la persona que debemos ser y marcharte y empezar en otra parte siempre es una aventura que merece la pena vivir. Pisa Milán con los brazos abiertos -o "abierta la mente", como dice mi madre- porque es probable que te depare lo que para mí ha sido todo este año. Hay tantas cosas con las que sorprenderse que es una pérdida de tiempo atarse a la nostalgia (y te lo dice una persona de talante nostálgico).

Sólo abre los ojos, para poder observar los detalles más pequeños, que amenudo aparentan ser los menos importantes. Despídete de lo que ha sido tu vida con una sonrisa y sigue tu camino, porque en ti queda lo que debe permanecer. La felicidad está en todas partes, ya lo sabes. Y si te cierras a ello, tendrás la sensación de que has dejado en stand by tu vida y que Milán sólo es una cuenta pendiente y, así, lo único que harías sería perdértelo todo, perderte lo mejor.

Así que: ¡adelante! Ha sido increíble haberte conocido, increíble con todos sus matices. Y sólo te deseo -que no es poco- que vivas lo mismo, sino más y mejor, que lo que he vivido yo.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Espejo

Hoy te he mirado a los ojos. Y allí donde pueden hablar de amor y de las delicias de sus frutos, no he visto nada. Quizás sean espejo de Eros, a veces, pero sólo me he visto a mí. .

El tiempo de paz ha sucumbido a antiguos rencores. Ha engullido palabras, frases y oraciones. Se ha llevado el viento toda retórica que pretendimos dejar en papel.  Y ahora me asfixian silencios que coleccioné cuando todavía eran algo.

No fue buena idea mirar el reloj. Como el giro de las manecillas pasa nuestra vida, el tiempo se extingue. Y, como siempre, el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones. Ahora, sólo soy una escritora que no escribe. Apenas lectora.

Los libros huelen a olvido, ebrios de muerte. La muerte suena a fin y sin embargo sabe a vida. También son vida los libros. Y encerrados en una espiral de locura sólo hacemos que existir.

Si supiéramos la manipulación a la que estamos sometidos no podríamos soportarlo. Si fuera él, espejo, el dueño de mis ojos no podría verme en ellos. Pero, ¿acaso no ha sido así?

Hoy te he mirado a los ojos y no me he visto en ellos.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Es mejor viajar en coche a lugares lejanos

Comprendo tu misterio. Llegó ayer de madrugada. No demasiado tarde, pero nunca a tiempo. Siempre espero y nunca apareces. Silogismo ilógico. Soy un faro. Y cuando lo haces, la luz es ya el sol. Y equiparo tu forma de ser a mis pocos vicios. No parezco ser tu faro.

Y como alguien deseducado en protocolo, los incumples. Misantrópico, tú. Permanentemente, pero sin consciencia.

Si pertenezco a tierra y tengo mis ojos clavados en el horizonte, apasionada por el mar, consciente de cualquier cambio y de las pequeñas cosas que hacen de todo mi vida, tú eres la raíz más antigua sobre la Tierra. Incapaz de volar, de deshacerte de ataduras. Estás enterrado, abajo, muy profundo. Haciendo el pino. Alejado de las maravillas de lo que sustentas.

Al final será verdad y la simplicidad es la metafísica de tus obras. El camino más corto no siempre es el acertado. Es mejor viajar en coche a lugares lejanos.

Tu misión es adentrarte más, llegar al agujero del mundo. Pero allí no encontrarás la Verdad. La Verdad está en las luces. La Verdad es un guía en la vida. Y como casi todas las personas, tu no la persigues. Percibes el sol como algo necesario que provocaria destrucción si no existiera. Pero no es sólo fotosintético. Admito que tiene esa función, en parte, pero no seamos simples. La esencia es que no somos plantas. Y actuamos como si lo fuéramos. Como si únicamente debiéramos respirar y sintetizar.

Que no se te escape que hacer el pino acumula demasiada sangre en la cabeza, que nubla la vista y, por ende, la razón. Y que en algún momento deberás cambiar el sentido de tu verticalidad. Y cuando suceda, no quieras volver a ese anterior estado que te parece natural. Pues lo natural no es lo conocido y cómodo, sino el eterno flujo hacia la felicidad.

lunes, 7 de febrero de 2011

And so it is

And so it is. Ésta es la frase de mis últimos días. El otro día tuve una conversación sobre literatura automática. Lo que me llevo a un par de cócteles y a pensar el pensamiento. Y a pensar en Wittgenstein. y en todo lo que he aprendido. Y en todo lo que voy a dejar atrás. Y en lo fantástico de las decisiones. Y también mis últimos días han dado más de contextos que de caminos al andar. ¿Es azar o destino? ¿Es pensamiento o Dios? ¿Son ellos?

Sí, lo son. And so it is.

No hay amor, ni gloria, ni héroes en el cielo.

Pienso mucho en el mar. Que no se ve en este rincón del mundo. Hay un lugar para mí, y si hay uno hay miles. A muchas personas un vaso de cualquier alcohol les proporciona claridad. A mí no me la da ni la más clara de las destilaciones. La cárcel no estaba en el cuerpo, sino en el pensamiento. En la vida. Cárcel de tantas. Cancelación imposible. Impostación de mí. Histriónica existencia.

Me he atado a todo. Pero sobretodo a ti.

Hasta qué punto puede uno estar avergonzado de sí mismo. Y hasta qué punto merecemos algún tipo de salvación. Los ciclos se repiten. Lo que sucede hoy sucedió hace tiempo. No somos creadores de nada. Lo único que avanza es la tecnología y ni siquiera acaba de ser positiva. No hay posible superación. Sólo hay nada.

Y qué es el ser si el ser es nada. Atrapamos balas con los dientes y nos sentimos hechizados por lo malo del mundo. La belleza no hace mella en nada. La admiramos y la desechamos al mismo tiempo. Y esperamos algo mejor, sin dar un duro por ello.

And so it is. Pesimismo. Ojo por ojo. Él tenía razón. Acabaremos ciegos. Vemos colores y formas, sin vista. Pensamos como zapatos. Creemos en Dios. Atrapados por un agujero negro que crea una realidad irreal, matizada bajo nuestra percepción selectiva. Nuestros gustos dan dimensión a todo. Nuestra memoria crea hermosas cosas que no las vería un microscopio. Qué nos falta. QUÉ. Más secretos no.

Y nada funciona. Estamos aquí, ciegos, sordos, sin tacto u olfato. Y mudos. Rezando a un Dios en el que no creemos. Sin recordar nada. Sin preveer nada. Haciendo nada. Siendo nada. Haciendo de todo lo que creemos grandes mentiras, secretos inconfesables.

And so it is. Qué dulce vida. Interminable en esta espiral. Mucho más luminosa de lo que deberia. Bendita ignorancia. Somos estúpidos.

AND SO IT IS.